Genialidad sin esfuerzo

+ una recomendación de peli

Por qué asociamos genialidad con esfuerzo?

Por qué la mayoría de las películas sobre artistas creando (o quien sea creando lo que sea) apuntan tanto a la meritocracia del esfuerzo y el logro—alcanzar la cima?

Hace unos días un escalador famoso llamado Alex Honnold subió hasta la cima de un edificio muy alto sin seguro—es decir, sin cuerda que lo pudiera salvar en caso de caer. El evento fue producido por Netflix y transmitido en vivo, entiendo que a todo el mundo.

Me enteré tarde por algunos videos de entusiastas que celebraban el acontecimiento único. Sin todavía saber que se trataba de un show de Netflix, enseguida me produjo un disgusto.

¿Por qué?

Respeto mucho mis reacciones emocionales y por eso me gusta investigar qué hay detrás—tirar del hilo de la lágrima o de la incomodidad.

Con las películas me pasa mucho.

Por qué me hace llorar una película que no me gusta?

Por qué me emociono con una que no está hecha para emocionar?

Por qué lloro aunque se nota que la serie está diseñada para que yo, en un momento específico, llegue a la lágrima, como si llorar fuera una cima, el top de la experiencia estética?

(Nota: admito que puedo llorar por cualquier cosa y casi que en cualquier momento, tal vez por eso me resulta fácil decir que llorar no es tan importante, o tan tremendo logro :P)

Pero pensar la experiencia estética como un logro…

Para mí hay algo valioso en esta cosa deportiva de estirar los propios límites, desafiarnos, llevarnos más allá de lo conocido.

No niego el valor de la cima,
solo cuestiono la obsesión por llegar.

El nivel de excitación colectiva que produjo el acontecimiento Honnold me da para pensar. ¿Por qué produce tanta excitación masiva el hecho de que alguien arriesgue su vida para probar que pudo? ¿Cuál es la filosofía detrás del acontecimiento? ¿Qué visión del mundo estamos reforzando con este show?

Pienso que se trata de la visión del mundo sostenida por esa parte de nuestro cerebro colectivo llamada… Hollywood.

Tal vez ya me escuchaste decir esto, pero lo repito:

Para mí Hollywood no es solo un barrio de Los Angeles y ni siquiera es solo una forma de pensar y practicar el cine.

Para mí Hollywood es, sobre todo, una manera de procesar la experiencia, una forma de mirar la vida, una metafísica sensible.

Por qué Hollywood ama el esfuerzo?

El esfuerzo se puede narrar.
El sufrimiento se puede subrayar.
La llegada se puede filmar (un libro no publicado no vale).
El mensaje es claro: “Si querés, podés.” “Si te esforzás, podrás cumplir tus sueños.”

En cambio:

El juego no promete.
La exploración no garantiza.
La pregunta no demuestra.

No solo en el deporte se ve esta obsesión por el logro.
En la mayoría de las biopics sobre artistas también.

Si mal no recuerdo, en Tic, tic… Boom!, la hermosa película con Andrew Garfield interpretando al dramaturgo compositor de musicales Jonathan Larson plantea con mucha claridad esto de que el artista debe esforzarse e insistir hasta lograrlo.

Los norteamericanos son muy fans de la expresión “hard work”, que significa: trabajo duro.

Para demostrar que vale, el héroe hollywoodense debe esforzarse.

¿Esforzarse para qué?

Para llegar a “ser alguien” (“be someone”, dicen todo el tiempo).

Como si para “ser alguien” uno tuviera que lograr cosas.

Como si existiéramos solo cuando alcanzamos la fama.

Bueno…

La genialidad se puede pensar de otra manera.

Podemos pensar en dos tipos de genialidad,
una que se apoya en el esfuerzo
y otra en el juego.

Porque…

¿Somos geniales solo cuando llegamos o también cuando exploramos?

La película que te recomiendo a continuación
(hacía mucho que no recomendaba pelis por este medio)
trabaja con esa noción de genialidad más ligera.

Y creo que algo de todo esto también es lo que exploraremos
en el taller de intro a la escritura narrativa
que empieza el sábado 7 de febrero.

Pedime info si te interesa escribir
—sin expectativas
—sin heroísmos
—sin necesidad de demostrar que sos the best…

El Espectador Inquieto recomienda

Nouvelle Vague (Richard Linklater, 2025)

Está bien, soy fan de Godard, y tal vez sea por eso que esta película me gustó tanto. Ni idea cómo le sentará a alguien no-fan de Jean-Luc, así que si no eres del club, te invito a probar!

(Una posibilidad es, antes de verla, ver al menos “Sin aliento”, la película sobre cuyo rodaje trabaja esta suerte de biopic ligera).

De cualquier manera, para mí la película tiene algo hermoso que no solo tiene que ver con que narra un acontecimiento histórico importante para la historia del arte y el cine: el rodaje del primer largometraje de un director que, te gusten o no sus películas, ha sido y sigue siendo un punto de giro en el relato de lo posible.

“La relevancia histórica del acontecimiento narrado (el rodaje de Sin aliento) entra en diálogo con un modo ligero de narrar. Casi como si lo narrado no tuviera demasiada importancia, la película se despliega con una ligereza parecida a la que en algún nivel mantuvo el mismo Godard (al menos, este Godard de ficción) en la producción de su primer largometraje.”

Ese párrafo es un fragmento de mi artículo sobre la película, que se puede leer aquí:

Recomiendo ir a verla al cine, y si no:

Para ver el archivo con los links a las películas recomendadas, CLICK AQUÍ

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