¿Qué aprendimos mal sobre las emociones?

No para corregirnos, sino para mirar algo que damos por sentado.

¿Qué aprendimos mal sobre las emociones?

Y no lo pregunto para corregirnos,
sino para mirar algo que damos por sentado.

¿Por qué cristalizamos las “emociones”?

No pregunto para fijar la respuesta,
sino porque hay algo ahí
que se nos escapa.

Si en un solo día de nuestra vida
pasamos por miles de emociones,
¿por qué cuando escribimos narrativa
los personajes quedan atrapados en una sola?

A lo sumo, dos.
¡Tres, si somos generosxs!

¿Qué estamos haciendo cuando escribimos así?

(¡O cuando narramos así las experiencias de la vida!)

Hoy una alumna me hizo una pregunta
que todavía me está resonando:

¿Cómo hago para que mis personajes
no se queden fijados en una emoción?

Para intentar responder
primero hay que mirar algo incómodo:

¡La manera en que nombramos las emociones!

No recuerdo dónde leí
que una emoción dura
apenas unos segundos.

Si eso es así,
la frase “estoy enojado”
casi dura más que el enojo.

Qué cosa rara, ¿verdad?

Hay cosas que en un mail solo se pueden rozar
porque no se entienden del todo pensando,
sino mirándolas en movimiento.

El sábado 27 de diciembre
voy a dar una charla abierta
donde voy a compartirles
10 ideas muy concretas
para liberar la mirada
y empezar a escribir
emociones menos fijas
y personajes
más vivos.

No son técnicas para escribir mejor
sino desplazamientos
para poder mirar
diferente.

Y si esa pregunta
no es solo curiosidad,
sino algo que querés practicar,
en enero y febrero abro los
laboratorios de verano:

El arte de la Ficción (cine+literatura)
y Mapas Imposibles (taller de escritura)

En uno entrenaremos la mirada
y en el otro practicaremos la escritura.
Hacerlos juntos es la experiencia completa
pero también se pueden hacer sueltos.

Ver los laboratorios de verano

Tal vez las emociones
no pidan ser agarradas con adjetivos
sino vislumbradas como verbos pasajeros.

Nos vemos en la charla!

ABRAZOTE
—Jada 🦊

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