Todo es materia prima # 59

El indirecto libre (o el rol del amigo en la ficción)

Qué difícil puede ser cambiar!!!

En esta entrega:
1. Las ficciones de la semana
2. Grabación masterclass hasta mañana domingo!
3. Inscripción con descuento al taller hasta mañana domingo!
4. El Espectador Inquieto recomienda

Una pared de Bariloche

Lo que dolería por siempre ya se desvanece
La vida es más compleja de lo que parece

Jorge Drexler

Me gustaría escribir un cuento relato sobre una persona que se da cuenta de que no puede cambiar, o no sabe cómo o, tal vez, en el fondo, no quiere.

—Qué difícil cambiar —dice.

—La droga de la historia personal —le responden.

—No entiendo.

También podría ser que el personaje dijera:

—Qué difícil cambiar.

Y que la respuesta del otro fuera:

—Ya estás cambiando.

—Sí, bueno —acomodándose en el asiento, las manos agarradas al apoyabrazos, como si quisiera impulsarse hacia arriba, salir volando o decir con el cuerpo que la idea es linda, pero que lo que él está diciendo no tiene que ver con la belleza de las ideas.

¿Quién tiene razón? ¿Él o el otro?

Espero que la escena se vea con claridad. Dos amigos conversan. Uno, digamos nuestro protagonista, siente molestia, está en uno de esos días. La vida es un pozo. Ni los mejores sillones del mundo pueden con tanta dureza, tamaña fijación. ¿Por qué la molestia? Ay, la fijación, las cosas como son, las cosas como eran.

Las cosas venían bien, pero hoy apareció otra vez la frustración. Por suerte se encuentra con el amigo, el otro, el enemigo, y el enemigo, el otro, el amigo le dice algunas cosas al pasar, como si por acaso.

—Qué difícil cambiar —dice él, porque se dio cuenta, hace dos minutos, de que la frustración del día lo llevó a un lugar demasiado conocido, familiar.

—Ya estás cambiando —responde el otro.

Ahí, entonces, el cuerpo de nuestro protagonista produce ese gesto, los codos quebrados, las manos sobre los apoyabrazos, un empuje que busca el aire, algo arriba, acomodar el mundo, la cabeza se inclina para dibujar un estereotipo y:

—Bueno, tampoco podés relativizar todo —dice.

—¿Por qué decís eso? —responde el amigo.

—Porque te digo que me está costando cambiar algo de mi forma de relacionarme con las cosas, y vos salís con esta idea de que ya estoy cambiando.

—Sí.

—Como si invalidaras mi traba.

—Mm…

¿Por qué dice mm…? ¿Por qué el otro miró hacia abajo? Y sobre todo: ¿quién se hace la pregunta de por qué el otro dijo mm y miró hacia abajo? ¿Fue él o fui yo, el narrador de esta historia? ¿Habremos sido los dos?

¿Se entiende la pregunta?

Sí / No / Más o menos

Esto es una ficción interactiva—aquí es donde respondes tú—hasta mandándome un mail: sí, no, más o menos.

¿Se entiende la pregunta?

Va a ser más claro si damos a la historia un territorio. Para que el protagonista tenga cuerpo, pongámosle nombre.

¿Cómo lo llamaremos?

Antonio

Tony

Nicolás

Nick

Jack

Puk

Nicanor

Manuel

Andrés

Abel

Abdul

Noel

Raúl

Juan Cruz

Me gusta Cruz. Me gusta porque no tiene un género tan definido y, sobre todo, por la carga simbólica. Cruz. Digamos entonces que se llama Cruz, y notemos, por favor, cómo el nombre apareció por asociación sonora en una suerte de dominó arbitrario, pero, aunque arbitrario, musical, trajo sentido. Una música que abre un universo simbólico, los procesos creativos son misteriosos.

Aparece un nombre, supuestamente porque sí, supuestamente por sonido, por irrupción musical misteriosa, y ese sonido, misterioso y musical, trae, inevitablemente, asociaciones simbólicas.

La cruz.
El cambio.
La muerte y la resurrección.
Etc.

Volvamos a la escena.

Cruz tuvo un día difícil. Tony la vino a ver. 

—Qué difícil es cambiar —dijo Cruz (lo dijo varias veces, sí, pero porque estábamos ensayando).

—Ya estás cambiando —respondió Tony, con un tono que podemos leer desafiante, pero también al pasar, como si hubiera amigos que dicen las peores cosas al pasar.

Entonces, el cuerpo de Cruz hizo el movimiento. El movimiento ese. ¿Por qué se mueve así este cuerpo?

—¿Viste lo que hice? —a Cruz le sorprende su propio gesto.

—¿Qué? —Tony no lo captó.

—Me moví de una manera vieja.

—No entiendo.

—Dijiste algo que me generó una reacción y mi cuerpo se movió viejo.

—Ah…

Como cuando hacemos gestos colectivos, gestos repetidos en escenas repetidas. Gestos colectivos. Gestos que ya ha hecho la gente, una y otra vez, a lo largo de los siglos. ¿Se entiende? ¿Quién pregunta si se entiende? Una coreografía expresiva impersonal, o personal, sí, pero no sólo personal. Algo que nos mueve, también.

¿Eso hizo el cuerpo de Cruz? ¿Reaccionar como reacciona todo el mundo?

Y esas preguntas, ¿se las hace el personaje o el narrador?

Cuando el pensamiento del personaje se confunde con el pensamiento del narrador, en teoría literaria hablamos de discurso indirecto libre.

¿Discurso indirecto libre?

Veamos…

El discurso directo es, por ejemplo, una línea de diálogo:

—Qué difícil cambiar.

Esa línea es la voz, digamos sin mediación, del personaje. Si en cambio escribiéramos la frase “Cruz dice que cambiar es difícil”, estaríamos ante un discurso indirecto: ahora es el narrador el que dice que el personaje dijo… 

Luego, en el discurso indirecto libre, no es claro si habla el narrador o si habla el personaje. Por ejemplo, el narrador podría estar describiendo una escena y, entre medio de la descripción, dejar aparecer una opinión que no se entiende si pertenece al personaje. Veamos el ejemplo en el siguiente párrafo.

Cruz y Tony están preparando la mesa para cenar. Tony observa de reojo a Cruz, Cruz se acomoda el pelo y en un momento devuelve la mirada. Se ve cansada, o fastidiada, algo le pasa, dice no con la cabeza, su cuerpo está tenso. Qué difícil es cambiar. Acomoda los platos y se golpea un dedo. Tony le pregunta si está bien…

En el párrafo anterior, la oración “qué difícil es cambiar” ¿de quién es? ¿Es el pensamiento de Cruz, el personaje, o del narrador? ¿Es de los dos? Como no tiene una indicación clara que indique que se trata de un pensamiento directo del personaje, y como tampoco está formulado en modo indirecto, la oración queda en una suerte de limbo. Esa ambigüedad del discurso indirecto libre genera, entre otras cosas, una sensación ambivalente en relación al personaje, como si estuviéramos cerca y lejos a la vez. Estamos cerca, porque pareciera que podemos ver sus pensamientos, pero estamos lejos, porque seguimos narrando en tercera persona, es decir, desde afuera, y porque no terminamos de saber si esos pensamientos corresponden al personaje.

Nietzsche pintado por Curt Stoeving

Como decía Nietzsche, el amigo es un enemigo porque nos desafía. La complacencia no es un signo de amistad. El amigo tiene, por momentos, la función de ese narrador cercano y a la vez lejano que nos permite vernos desde muy cerca pero a la vez de afuera. El amigo, como un indirecto libre, nos ayuda a recuperar perspectiva, a salir del pozo de las ficciones personales, a reconocer cuándo tuvimos una recaída en la adicción de lo demasiado conocido.

—Qué droga, la historia personal.

—Sí.

Podemos, y solemos, desarrollar adicción a las sustancias, a las personas, a las situaciones, a las químicas emocionales y, sobre todo, a las narraciones. Las formas de ver el mundo, los mapas, pueden ser nuestra mayor adicción. Recurrir a viejos mapas (formas de procesar la experiencia que en el pasado nos sirvieron para sobrevivir) nos da esa sensación ambigua de comodidad e incomodidad. Lo familiar se siente apretado, pero conocido. Familiar, pero apretado, el problema de la identidad—del cual hablamos mucho en la masterclass del jueves, que estará disponible para ver hasta mañana domingo a la noche!

*

Ayer tuve uno de esos días, días que parecen pozos. Ayer necesité un narrador en tercera persona, un indirecto libre. Lo encontré en mi amiga C. Entre los dos, construimos esta frase:

—Cada quien con su laberinto, su historia, su pozo.

Cada quien tiene su Ficción Personal, ese lugar al que vuelve cuando la vida se está poniendo muy desconocida, un lugar demasiado conocido donde volvemos para creer que tenemos el control que nos da saber cómo funcionan las cosas. Un refugio hecho con mapas raídos en donde nos sentimos a salvo de la novedad, del crecimiento, del cambio.

Cambiar duele
y tal vez sea eso lo que nos recuerda
en el fondo
cada obra de ficción.
Cambiar duele, y está bien que duela.

A veces tiene que doler.

¿Ya vieron No te tiene que doler? Es el episodio más corto de nuestra serie TRAMA. Es una buena puerta de entrada a la serie, un trabajo de años que me gusta mucho.

Bueno, vamos cerrando—digamos, abriendo.

Hasta mañana domingo a la noche
se puede ver la grabación de la masterclass
“El arte de la ficción”
en ESTE LINK.

Y voy a extender hasta mañana domingo también
la INSCRIPCIÓN CON DESCUENTO 
al taller de 5 encuentros 
que empieza este próximo jueves 20. 

Es un taller teórico/práctico donde veremos películas, leeremos cuentos y probaremos herramientas técnicas para desarrollar la propia obra de ficción. Está pensado para personas de cualquier nivel de experiencia que se dediquen o quieran dedicar a la creación de ficción en cualquiera de sus formas: escritura, actuación, dirección… Incluso para personas que les guste leer y ver cine y teatro y no necesariamente les interese crear ficción, pero quieran expandir su mirada y sus posibilidades de disfrutar este arte tan antiguo.

Para toda la info sobre el taller y para inscribirte

El Espectador Inquieto recomienda

Lili Reinhart, Mark Ruffalo y Cooper Raiff

Hal & Harper (Cooper Raiff, 2025)

Si tienen MUBI, vean esta miniserie, que todavía está saliendo. Hace unos días sacaron el episodio 5, que es impresionante: la velocidad del montaje, el cambio de tonos entre las escenas y dentro de las escenas. Un episodio de media hora en el que parecen pasar mil vidas. Notable cómo está montado, cómo todo está cambiando todo el tiempo, tremenda la actuación de Lili Reinhart.

Y si no tienen mubi, vean alguna de las dos pelis anteriores de Cooper Raiff.

Ternura + picardía = Cooper Raiff

Encontré su primera peli, Shithouse, pero sin subtítulos. El link en el archivo con links:

Para ver el archivo con los links a las películas recomendadas, CLICK AQUÍ

¿Te gustaría colaborar con mi trabajo?

Gracias!

¿Qué pasa cuando nos interesamos
por lo que nos pasa?

Stanely Cavell

Si este newsletter te aportó algún valor, si te inspiró o dio algo que puedas valorar, ¿te gustaría compartirlo con alguien que también pueda recibir inspiración y herramientas?

Hasta el viernes próximo!
Gracias!!!
Jada 

Reply

or to participate.