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Tu vida es incomparable
Jerry, George y el error del error
Hace poco, en un parque, conocí a un artista. Me cayó muy bien. Cuando volví a casa entré en su IG y comparé sus logros con los míos. Claramente, yo salía perdiendo.
Eso es un fragmento de la serie Seinfeld. George, el que habla, es una compleja y profunda exploración del estereotipo del looser (el perdedor).
A veces me veo como George; pero ¿quién no? ¿Quién no se neurotiza cada tanto (¡solo cada tanto!) creyendo que la vida no le acompaña?
—Debería haber hecho esto —decimos—, debería haber pasado aquello.
George hubiera querido ser arquitecto; cada tanto conoce a una chica que le gusta y cuenta que lo es.
—Soy arquitecto —dice—, mi nombre es Art.
Para George, por alguna razón, ser arquitecto y llamarse Art equivale a tener una vida exitosa.
Es chistoso.
Somos chistosos—claro, cuando podemos vernos con cierta distancia.
A Geroge le cuesta verse con distancia y reírse de sí mismo. Para eso está Jerry, que una y otra vez se burla de la neurosis de su amigo.
Jerry tiene algo de ganador, pero cae fácilmente en el cinismo. Si George es extremadamente sensible, Jerry, protegiéndose detrás de su profesión de comediante, puede volverse muy insensible.

Jerry Seinfeld (Jerry) y Jason Alexander (George)
Muchos episodios empiezan con los dos en la cafetería, conversando sobre algo banal que llama su atención. Se obsesionan. En algún nivel, los personajes son opuestos. El perdedor híper sensible y el ganador insensible. George, como un estratega desquiciado y manipulador, busca cambiar el mundo; Jerry, por su parte, se ríe del mundo, como si él no fuera parte.
Jerry también es manipulador, pero en el fondo no le interesa mucho nada, solo que su casa esté limpia.
La dinámica entre Jerry y George es miserable, pero también tierna—no sé si son verdaderos amigos, pero sí diría que esa relación es una de las cosas más hermosas que ha producido el arte de la ficción.
La comedia puede tocar lugares muy profundos, pero a veces olvido reírme de mis dramas. La comparación hace que la vida se ponga solemne. George y Jerry son una máquina de comparar; no les va muy bien, pero sobreviven.
No quiero sobrevivir, pienso a veces, quiero transformarme.
Lo cierto es que ya lo estoy haciendo, pero no porque haga algo para lograrlo. Dudo de que las transformaciones más importantes sean resultado de la voluntad. Tal vez la única decisión importante que podemos tomar es la de soltarnos de la rama.
Cuando soltamos la rama, la corriente nos lleva.
Últimamente estoy más inclinado a confiar en la corriente que en el esfuerzo. Más en la idea de norte que de objetivo. El norte organiza, pero no obsesiona.
Cuestión que ayer hablé con mi amiga Alfri (les recomiendo hacer consulta astrológica con ella) y, como una versión extraña de Jerry & George, pusimos sobre la mesa, para diseccionar, este problema de la comparación.
—En verdad lo digo —dijo ella—, ¿qué pasa cuando nos interesamos por lo que nos pasa? Cuando dejamos de comparar nuestra vida para que dé error… ¿Qué hay en cada vida cuando no está el relato de la comparación?
—Cuando estamos en modo error —dije—, la curiosidad tiende a cero. Perdemos esa mínima curiosidad que necesitamos como para decir: mi vida no es un error.
—Fracaso total en el bingo de la vida, ningún poroto en el cartón, OK, pero, si detengo la idea de que es un error, bueno, ¡experimentemos!
—¡El error es un error!
En el episodio Lo opuesto, George se da cuenta de que todas las decisiones de su vida lo llevan siempre al error—a perder. Si hago lo opuesto a lo que tiendo siempre a hacer, deduce, probablemente mi vida cambie.
En lugar de pedir una comida pide otra, en lugar de café pide té. Desafía, de modo esquemático, y por eso chistoso, el diseño mismo de su personalidad. Interrumpe el circuito de reacciones y decisiones automáticas que constituyen su comportamiento en el mundo.
—Haré siempre lo opuesto a lo que quiera hacer.
Entonces, casi como por arte de magia, todo le empieza a ir bien.
La trampa, de todas formas, sigue presente.
La dualidad bien-mal sigue activa.

Kurt Vonnegut
Kurt Vonnegut decía que las narraciones son como curvas que suben y bajan por el eje de la buena fortuna y la mala fortuna. Si en Hamlet no se entiende tanto qué es una buena noticia y qué es una mala noticia, ¿significa que la obra está mal escrita? ¿O será que Shakespeare nos está diciendo algo importante acerca de la naturaleza misteriosa de la experiencia?
Por las situaciones que nos gustan, nos interesamos. Por las que nos disgustan, nos desinteresamos. La pregunta es, como propuso Spinoza, si la experiencia es buena y por eso nos interesamos, o si es buena porque nos interesamos.
Si estamos viviendo una situación difícil (“mala”) y, en lugar de querer resolverla o escapar, nos interesamos, ¿no deja la situación, al menos en un nivel, de ser difícil (“mala”)?
Con qué historia
estás intentando hoy
escapar de donde estás?
Preferir la luz a la oscuridad es como preferir el día a la noche.
A veces, de noche, no me puedo dormir.
Quiero que sigan pasando cosas.
No me gusta que la función se acabe.
No me gusta perder.
Hasta que recuerdo sentarme a escribir.
Y recupero, entonces, el interés.
La curiosidad tiene
el poder de desbaratar
la curva del bien y del mal.
Abrazo enorme!
—Jada 🦊
¿Te gustaría colaborar con mi trabajo?
Gracias!
¿Qué pasa cuando nos interesamos
por lo que nos pasa?
Si este newsletter te aportó algún valor, si te inspiró o dio algo que puedas valorar, ¿te gustaría compartirlo con alguien que también pueda recibir inspiración y herramientas?
Hasta la próxima!
Gracias!!!
Jada
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